jueves, 19 de septiembre de 2013
De Luisa Fernanda Vanegas S.
"A mi niña de ojos tristes
con primavera en la mirada"
Morus Gómez
Para Mi Ángel
Deseo parar el reloj mientras
el cuarto negro
deja pasar las letras,
donde todos mueren
y la sangre mancha
los cuentos infantiles.
Los velos se marchitan
por la espera
y los dedos se deshacen
por el abrazo negado.
Las lágrimas salen como azúcar
siendo señal de suerte,
abandono al no verte
en el altar donde
cada mañana
el amarillo se viste de verde
y así alejar las sombras que
tienes.
No quiebres tus brazos,
no cierres tu mano,
no desvíes tus pies.
Cada noche salgo tras de ti
con la vela tricolor
para que no olvides
por donde seguir
12 de septimbre de 2012
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Tomado de: Ciudad rural. Marzo de2013 No 120
sábado, 7 de septiembre de 2013
Pasajeros
El que es pasajero y nunca emprendió viajes
a esos lugares d donde llama
su alma
viaja ahora en este poema
miércoles, 4 de septiembre de 2013
SOY UN HIJO DE ESTA GESTA
Rudos hombres hicieron estos pueblos.
Barbados como osos vinieron desde el Norte,
las manos gigantescas de dedos retorcidos,
el vello ls llegaba al borde de la uñas.
Uribes, Jaramillos, Estradas y Trujillos
-pantalones de manta y muleras de hilo-
el pie desnudo para besar la tierra,
sacaron patios limpios de la espesa maraña,
cuadros de las haciendas, las aldeas,
las ciudades cargadas de mugidos de ganados y fieras. El árbol colombiano, la palma d la cera de su celest majestad prestaba su servicial bellza entr los hombres. Guaduales vrdes-niño en la hondonada ponían el paisaje apariciones y la infancia agreste de los pueblos solo fue una aparición de la arriería.
Barbados como osos vinieron desde el Norte,
las manos gigantescas de dedos retorcidos,
el vello ls llegaba al borde de la uñas.
Uribes, Jaramillos, Estradas y Trujillos
-pantalones de manta y muleras de hilo-
el pie desnudo para besar la tierra,
sacaron patios limpios de la espesa maraña,
cuadros de las haciendas, las aldeas,
las ciudades cargadas de mugidos de ganados y fieras. El árbol colombiano, la palma d la cera de su celest majestad prestaba su servicial bellza entr los hombres. Guaduales vrdes-niño en la hondonada ponían el paisaje apariciones y la infancia agreste de los pueblos solo fue una aparición de la arriería.
domingo, 25 de agosto de 2013
Victor Manuel Gaviria La Luna y la ducha fría
El auto de mi padre deteniéndose frente a una puerta de hierro A través de la puerta abierta y la malla coronada de alambres un patio gris azuloso copado d niños que entran y salen Los mayores en la acera dorada Sus maletas de cuero llenas de visos amarillos las piernas desnudas repentinamente sesgadas por la luz Después de la hierba un alargado charco Otros más pequeños secados por las llantas dee los autos Aquello era el pavoroso y bello afuera Conocí entonces los eucaliptos en los canaletes mezcladas n el polvo hojas secas en forma de cejas de mujer goteras de goma cristalinas pegadas a los troncos que uno desprendía y acumulaba n la mano abierta Por encima de las últimas hojas el cielo azul de las ocho de la mañana vagando como un adolecente sin deberes ¿Qué maestro podría comparársele? Los primeros balones golpeados en el pasto tocándolos pisándolos pateándolos lejos (La cancha: Huella de zapatos en el polvo (el repentino amor de unas sobre otras) bajo carboneros florecidos trs niños de mi edad discutían el día en que empezaba la semana y al frente muchas parejas de niños conociéndose como novios apoyaban las espaldas en la malla de alambre la malla se ahuecaba y temblaba arriba sonaba al separarse los niños repentinamente entusiasmados El patio estaba recién embreado me fascinaba mirar el racimo de hoyitos redondos que las maestras hacían riéndose con sus delgados tacones Los días de un niño eran esos hermosos hoyos hechos cruelmente en el asfalto azul por una mujer joven
miércoles, 24 de julio de 2013
MI SIMON BOLÍVAR Por Margarita Gomez Agudelo
![]() |
| Bolívar dsnudo, Rodrigo Arenas Betancur. |
MI SIMON BOLIVAR
A Manuela Betancourt Marín, dedico
No eres para mí el adusto guerrero que se exhibe en las academias,
caballero en un corcel fogoso,
o mirando desde un trono apoyado en el mango de la espada
el lejano horizonte con gesto displicente.
No eres ese Bolívar, guerrero en receso, mito deshumanizado
a quien yo amo.
Amo al Bolívar hombre, al amante de Manuela, de esa loca iluminada
que bajo el sol y la lluvia, transmontando los helados picos
de los páramos andinos, siguió segura tu huella
Al Bolívar derrotado, con la casaca raída, sin medallas,
con sed física, con hambre, solo enfermo, sometido
a su condición humana, seguido por una tropa d humildes hombres del campo
expertos en la labranza que tú trocaste en guerreros.
Porque erramos el camino y no seguimos tus pasos,
hoy América Latina es un pueblo gobernado
por déspotas y tiranos
que imponen su voluntad a golpes de bayoneta.
La muerte te sorprendió pobre y solo. Minado estaba tu cuerpo
y tu espíritu minado, cuando todo lo brindaste:
fortuna, honores y gloria,
sin comprender que era el paso definitivo hacia la cumbre.
Porque no fu en Angosturas, en Boyacá o Carabobo,
donde Don Simón Bolívar recibió la alternativa de la inmortalidad:
fue en Santa Marta, traicionado por la gloria, la fama y la adulación
donde comprendió el sentido de su lucha.
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